Marina González Guerreiro (A Guarda, España, 1992). Con una aproximación instalativa a diferentes medios como la escultura, el vídeo, la fotografía o la pintura, revisa el imaginario iconográfico en torno a la idea de felicidad, poniendo especial atención a los fenómenos relacionados con las emociones y la gestión del estrés así como a la construcción de una naturaleza idealizada. Su proceso creativo parte de la acumulación de materiales, convirtiendo el estudio en un espacio de ensayo, donde conviven objetos e imágenes de las más diversas procedencias escenificando un ritual de lo íntimo. En su práctica se percibe un preciosismo construido a través de materiales precarios y antiguos, así como la búsqueda del equilibrio entre el orden y el desorden, el control y el azar, la razón y la emoción.