Vivo frente al caserío más antiguo de Bizkaia que tiene más de 700 años, puerta con puerta. O ante piedras y varas caídas que queda de esto.
Los conflictos mutuos de la última generación de nuestra familia permitieron que el caserío de 1800 metros cuadrados se convirtiera en objeto arqueológico. Porque empieza a caer en el momento en que se detiene un caserío.
Por suerte, conservamos algunos documentos para reproducir las acciones: herramientas de trabajo. Estos instrumentos nos harán reflexionar sobre la nostalgia de la obra: nuestros antepasados mantenían el caserío en pie por pura acción, trabajo. ¿Serán estas acciones nuestro mayor patrimonio?
Los nietos de los baserritarras son hoy actores: baserritarras posmodernos que buscan la vida de la escena, el uso de la repercusión de estas acciones e instrumentos.
El tema actual es la disputa que tenemos con el caserío: ¿qué hacer con el patrimonio que está perdiendo uso?
Ficha artística